Los muertos no dan permiso
En dieciocho meses construimos una arquitectura de consentimiento digital para los vivos. Los muertos, que son la enorme mayoría, quedaron por fuera.
Ingeniero de sistemas y consultor
César Amar es ingeniero de sistemas y consultor colombiano. Escribe sobre netiqueta, inteligencia artificial, consentimiento, ciberacoso y convivencia en línea: cómo la tecnología transforma el lenguaje, el trabajo, la educación y la responsabilidad. A partir de escenas cotidianas, investigaciones y cambios legales, pregunta por la cortesía digital, la autoría, el uso ético de la IA y los límites de delegar conversaciones y decisiones a las máquinas.
En dieciocho meses construimos una arquitectura de consentimiento digital para los vivos. Los muertos, que son la enorme mayoría, quedaron por fuera.
Virginia Shea escribió diez en 1994. Dos murieron de éxito, una se la llevó la ley, y la mejor de todas la estamos desmontando ahora sin haberlo discutido.
La primera norma de la netiqueta pedía recordar que hay un humano del otro lado. Treinta años después el problema es el contrario: probar que uno lo es.
Treinta años separan las dos normas y dicen casi lo mismo. La diferencia es que la segunda cobra quince millones de euros.
Aprendimos en un año a pedir autorización antes de encender el transcriptor. Seguimos mandando notas de voz de nueve minutos sin preguntarle nada a nadie.
Dos de cada tres usuarios le dicen por favor al chatbot. Un estudio acaba de medir que a los groseros les responde mejor.
Cuando falla un sistema automático, la culpa cae sobre la persona. Cuando falla un mensaje escrito con inteligencia artificial, cae sobre la máquina. La diferencia no la decide la justicia.
El decreto obliga a los colegios a meter el ciberacoso en el reglamento. El reglamento sabe qué hacer con la niña que grabó el video. No sabe nada de los doscientos teléfonos por los que pasó.
Cuatro diccionarios eligieron palabra del año en 2025. Ninguno escogió una palabra que sirva para entenderse.
Un tercio de los empleados usa inteligencia artificial para tareas que exigen inteligencia emocional. Los colegas lo notan, y lo castigan más que cualquier otro uso.
Los jefes valoran los buenos modales digitales mucho más que sus equipos. Los equipos son los que reciben la factura.
Los programas que dicen detectar si un texto lo escribió una máquina se equivocan casi siempre con la misma gente. Con la que no está escribiendo en su lengua.